Se trufó la fiesta con la adversa meteorología. Hubo frío en exceso, granizada histórica y un buen programa de actividades. Las tormentas que rompen la estadística empiezan a ser un clásico. El cierzo se empeñó en azotar el trabajo de una discutida comisión de fiestas. Aunque el aprobado es innegable, hubo muchas certidumbres, pero también demasiadas incógnitas durante los cuatro días que duraron los festejos.
Por ejemplo, la incomprensible distancia existente entre el Ayuntamiento de Peralta de Alcofea y la comisión de fiestas, formada por cuatro tormilleros que repiten como organizadores en los últimos años. La comisión insistía en que la organización de la obra de teatro que tuvo lugar el domingo 13 de agosto, a cargo de Teatro de Robres, nada tenía que ver con ellos. Un error, sin duda, porque a los tormilleros ese inicio de fiestas les gustó, y mucho. La coincidencia entre la actividad financiada por el consistorio y las que organiza la comisión no sólo constituyó un acierto, sino que prolongó las fiestas una jornada más. El éxito de El florido pensil permite reflexionar sobre la necesidad de innovar con los actos más allá de las consabidas, carísimas y no siempre buenas orquestas. O al menos, si no se quiere reflexionar, porque es caro y díficil, siempre es bueno buscar la coherencia: se confundía al personal con unos carteles en los que la comisión mezclaba ambos actos como si formasen parte de un mismo todo. Aprobado justo.
La gran atracción fue la estrenada piscina. No parte de la iniciativa pública del ayuntamiento (como en Peralta), ni tan siquiera de la vecinal (como en Lagunarrota), pero la instalación de Andreu y Anna ha quedado muy coqueta y fueron muchos los tormilleros que decidieron hacer un buen uso de ella. También ha habido quien se resiste a visitarla y utilizarla. Dos problemas tiene. El pequeño bar allí instalado ha permitido recuperar buenas tertulias y un punto de reunión indiscutible. El esfuerzo de sus dos promotores jamás será reconocido plenamente. Ya sabemos que de desagradecidos andan llenos nuestros pueblos. Lástima que la fuerte pedrisca que nos azotó el día 15 diera por finalizada parcialmente la temporada de baños. Pero también sirvió para demostrar que aún existen personas solidarias, como cuando hubo que achicar hielo y barro de las instalaciones. Fueron muchos los que colaboraron. Estuvo presente un representante municipal, que ofreció su colaboración personal y la del consistorio para volver a llenar la piscina con rapidez una vez reparada. Un gesto que fue observado y considerado por muchos de los tormilleros allí reunidos para ayudar a los propietarios de la instalación. A veces todo es mucho más sencillo cuando la palabra prevalece sobre los genitales a la hora de expresarse y la razón va por delante del corazón. Lo decían los poetas. El servicio, por cierto, excelente en variedad y destreza. Notable alto.
El parque infantil en el Parque San Jorge y el tren que recorre las calles ya son un clásico. Ciertamente, el parque da mucho juego. Lástima que sigamos empecinados en concentrar todas las actividades en la calle de la Iglesia y se desaproveche un espacio tan idóneo para la reunión. Deben ser cosas de la descentralización progresiva o vaya usted a saber. Algunos hábitos, usos y costumbres, por más anacrónicos y trasnochados que sean, sólo el hecho biológico los cura. Paciencia, ya saben, es la madre de la ciencia. La propuesta infantil, un bien alto.
El deporte siempre ha sido un buen acompañante de la fiesta. Es neutral en lo político, capaz de propiciar la movilidad y la cohesión social y la integración étnica... decir que el deporte es uno de los grandes logros de la humanidad es casi una perogrullada a estas alturas de siglo XXI. Siempre hay algunos que prefieren aprovechar el curso del Pisuerga para hacerse una foto, sea a propósito de las selecciones nacionales o de cualquier estulticia similar. No íbamos a ser menos, ¿no? La anécdota ramplona la protagonizaron los integrantes del equipo que compitió con los jugadores de El Tormillo en el tradicional partido de fútbol sala. Aparecieron ataviados con unas camisetas negras con un frontis en el que ondeaba la bandera de España con el aguilucho fascista. Decían representar a Barbastro, aunque dudo que la capital del Somontano pueda ni quiera sentirse representada por quienes vistieron de esa guisa. Preguntados algunos miembros de la comisión de fiestas por la anecdótica rapaz, encogidos de hombros invocaban la libertad de expresión. No merece la pena detenerse en el comentario. Sólo la ignorancia puede dar pie a tal confusión, pero perdónalos señor, que aunque crean que sí, no saben lo que hacen. ¡Si el Generalísimo que vistió nuestra calle principal durante tantas décadas levantara la cabeza se acostaría de inmediato al ver en qué han convertido su doctrina sus seguidores! Por cierto, se olvidaba, El Tormillo que le dedicó una calle a Joaquín Costa hace apenas unos meses derrotó por 4 goles a 3 a los siniestros y reivindicativos visitantes. Cosas del fútbol.
Gustaron las orquestas y la rondalla. Tenían muy buen nivel, aunque se discutía si los costes eran los óptimos para una localidad con pocos recursos y un ayuntamiento que tiene la vista puesta a 10 kilómetros de distancia. Es un debate, sin duda. Pero con independencia de si se sustancia ahora o más adelante, que tiempo habrá, el respetable disfrutó. Un triunfo de la comisión, que parece dispuesta a competir con los pueblos del entorno por ver quién es el que la tiene más larga. La orquesta, se entiende. El cuarteto de cuerda Tanos, en el que milita un jóven músico vinculado familiarmente al pueblo, hizo las delicias de los amantes de la clásica. Un auditorio como la iglesia parroquial no es para menos. Allí la música suena desde el año 1.100 y nuestros ancestros medievales ya sabían cómo disponer las bóvedas y la planta de la edificación para que los cánticos religiosos tuvieran la sonoridad merecida. Y a fe que lo lograron.
Una correcta fiesta mayor, en definitiva. Aprobados los organizadores, notables los asistentes y suspendido San Pedro por sus virulentas tempestades y el cronista por su falta de imaginación. Engrasaremos la máquina de cara al 2007. Allí nos veremos, si el tiempo y la afición no lo impiden... |